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martes, 13 de julio de 2010

Minifan

Cuando era una enana, por ahí a los 9 o 10 años, era una pandamaniaca. En serio, de alguna forma esa banda marcó mi paso de la niñez a la adolescencia, sabía sus canciones al pie de la letra y Pepe Madero era mi amor platónico. Mis primos (los mayores) me motivaron a amarlos, incluso recuerdo una Navidad donde Paul me mostró el video de malos pensamientos, creyendo que yo no lo conocía :B

Me recuerdo cantando a todo pulmón los malaventurados no lloran, maracas, mi muñeca, etc. ; y a mi mamá con cara de que rayos está cantando mi hija, ojalá no se me vuelva punkeke, especialmente  en la parte de los gritos, que provocaba el pase de canción en su presencia.

Bueno, bueno. Con el paso del tiempo fui olvidándolos, como todo en esta vida. Poco a poco, mi fanatismo se fue, también mis gritos metaleros, olvidé cuál era su escritura correcta -no era Panda, es PXNDX-; y que mi primo tenía un polo negro con su símbolo, un simpático panda, que siempre quise poseer. Nunca fui a su concierto, no recuerdo haber querido ir. 

Sin embargo, hace un par de semanas vi un video actual de ellos (de Poetics, su último álbum)...y, wow, un montón de cosas vinieron como arroz con leche a mi mente. Corrí hacia mi laptop, empecé a descargarme todas esas canciones que alguna vez me enamoraron y las canté de principio a fin, sin llegar a saber exactamente cómo es que aún recordaba la letra. Quizás habían estado almacenados en mi subconciente esperando este día para salir. 

En fin, esto es una especie de tributo para esa banda que tanto me definió una vez. Gracias Panda :)


creo yo, mi ex-canción favorita :)

 * Domina

Uh uh, casi lo olvido. Gracias a los 2730 que han optado por probar un poco de Moca, y también a los 59 seguidores, que lo son todito ♥  Besos, adiu :)

jueves, 24 de junio de 2010

¡Muevete niño! He esperado once años para ver Toy Story 3!


Lo que en verdad hacía feliz un día de mi vida en el año 1996 hasta el año 2005, eran mis juguetes.
Yo, era una niña con una imaginación hiperactiva. No dejaba de crear, de hacer ilusiones, de soñar y de darle vida a todos los objetos que veía.
Sin duda, tenía más habilidad para crear que cualquier otra persona que me rodeaba y nadie, absolutamente nadie, me podía quitar ese tesoro.
Mi tesoro, mis juguetes.

¿Por qué estoy diciendo esto? Ayer vi Toy Story 3. ¿No era obvio?
Y, te lo digo sinceramente, nunca había viajado tanto a mi infancia como en esa sala de cine.
Y nunca me había sentido tan unida hacia una película, era perfecto.

Para comenzar, me sentí unida porque la trama de ésta película (no te arruinaré la pela no te preocupes solo te diré unas cosillas sobre la trama, no me patees aún) se trata sobre que han pasado once años y Andy, el niño del que Woody y su pandilla siempre está atrás, ya tiene que ir a la universidad. Sus juguetes se entristecen, se sienten mal y comienzan a odiar su vida porque el momento que tanto temían, había llegado.
A pesar de que Andy había dejado de jugar con ellos hace ya muchos años, ellos no habían perdido el cariño que le tenían.
Y eso, eso mis amigos, se llama ser un verdadero juguete.

Terminó la película, con un final devastador que me llevó a las lagrimas deconsoladas, y lo primero que hice fue ir a mi casa y abrir mi baúl. Encontré millones de juguetes que no veía hace ya más de cinco años y la encontré a ella.
En el fondo del baúl había una muñeca de trapo con cara de barbie y cabello rosado con líneas blancas que brillaban en la oscuridad. Tenía puesto un pijama morado con estrellas que también eran fosforescentes y una mirada perdida de color azul.
Era Sabrina. Mi muñeca favorita.
Ella estaba, obviamente, sucia, empolvada y asquerosa.
Me dio pena, sinceramente.

La cogí, la miré, y me dio un nosequé y la abrazé.
En ese momento, sentí que había vuelto a viajar siete años en el pasado. Y que mi cuarto, el mismo que he tenido toda mi vida, estaba lleno de juguetes y de un ambiente cálido e inocente.
Era Sabrina, pues, la muñeca que me acompañaba a todas partes. La muñeca con la que dormía por las noches, y mi complice de muchas aventuras.
Ella, tenía vida propia y yo lo sabía.
Pero ahí pude entenderlo.
Nadie había jugado con ella hace ya cinco años, y, no sólo porque en mi mente retorcida los juguetes tengan vida o porque tienen sentimientos, sino también porque me dio pena que estén ahí y nadie los use; llegué a una desición y ésa sería donarlos.

Yo ya me voy a la universidad y al igual que Andy, debo dejar una etapa de mi vida la cual quizás fue la mejor de todas, y por eso debo dejar mi legado de juguetes a alguien que quizás los utilice y sea tan buena como lo fui yo.
Entonces decido dornarlos éste viernes, Sabrina y todos los demás iran para una niña que conozco que se que amará tener juguetes nuevos y los tratará como si fueran personas. Así como alguna vez los traté yo.
Pero yo sé, que aunque los done o los saque de mi vida, nunca se irán esos recuerdos y esa felicidad que me dieron en mis primeros pasos.

Los voy a recordar siempre, hasta el infinito y más allá.


*Maafer G.

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