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jueves, 5 de agosto de 2010

Miedo.

Yo? Yo tengo miedo de todo, tengo miedo del futuro, tengo miedo de lo que he visto, de las cosas que he dicho y sobretodo, tengo miedo de quien soy y puedo llegar a ser. Pero a lo que más le temo, es decirte adiós y nunca más sentirme en toda mi vida de la manera en que me siento cuando estoy contigo.

La razón por la que nos cuesta tanto separarnos es porque nuestras almas están conectadas.

*Maafer G.

Había puesto clocks de coldplay porque era lo que escuchaba en ese momento, pero la pensé bien y puse ésta, la bailaré el día de mi boda estoy segurisima.
The way you look tonight - Maroon five (es un cover de mi queridisimo amigo Frank Sinatra)

domingo, 13 de diciembre de 2009

Tengo miedo.


Abrí la puerta de mi casa, y encontré a mi perro sentado cómodamente en las faldas de mi papá. Los saludé, y de la nada, Roosevelt se paró, y corrió un par de metros.

Empezó a aullar de dolor, o de pena, no lo sé. Sus lamentos eran muy fuertes, y no se callaba. No encuentro palabras para describirl. Juro que moría del susto, lo veía allí desvalido y no podía hacer nada. Sus ojitos centelleaban, sus aullidos eran insoportables. Sufría sin razón alguna. Olvidé todo lo que él había hecho esta mañana -mordió a una persona- y sólo quería que terminara.

Enserio, poco a poco destrozaba mi alma. Lo peor es que no sabía que tenía. Del nerviosismo empezé a llorar. Mi papá y yo nos arrodillamos a él, y algunos minutos después calló. Lo acariciamos, le preguntamos que tenía, inútilmente, ya que los perros no hablan.

Tanto había aullado que toda mi familia fue a mi piso. De repente, estaban allí mis abuelitos, mis primos y mi tía, preguntándonos que había sucedido. Roosevelt estaba más calmado, echado en su cama, y le rogaba (sin obvios resultados) que me dijera que le pasaba. Al verlo aparentemente sano todos se fueron a sus hogares. Sólo me quedé yo, consolándolo.

Ahora, ¿qué tiene mi perro? Al parecer, no es nada físico ¿Y si es una depresión? Podría ser. Le dije a mi papá para llevarlo al veterinario, sin embargo un simple "ni sabemos que tiene" finalizó con mis intentos. Tengo miedo.

Roose, mejórate. Por favor :(
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Y aquí va un video. De alguna forma hay que sonreír.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Tiempo

Me harté. De esperar, de matar el tiempo escribiendo en la gran pared de mi mente otra de las historias ficticias perfectas que me he encargado de formular una y otra vez personalmente. En realidad, es muy difícil que me mandes una señal. No a estas alturas. Mi fe se desmorona poco a poco, y logro ser sostenida por un atisbo de esperanza.



Voy un año y medio siguiendo la rutina de siempre. Levantarme, reflexionar, quejarme, llegar y verte. Y sólo me ha hecho empeorar. Estoy empezando a creer que tienes un cuadro de aislamiento social agudo, o que... simplemente...no pasa nada. Sin embargo, mi voluntad y todo mi organismo (principalmente mi torpe corazón) tratan de suponer lo opuesto. Me pregunto, ¿es tan anormal hablarme?¿Soy YO la rara del grupo? Formulé varias hipótesis para atribuirme una razón para que me evites. Me lavo los dientes todos los días, así que no puede ser mal aliento. Trato de ser amigable, entonces descartaríamos que me crees antipática. Estuve toda una tarde tratando de encontrar la clave de este acertijo, y terminé insatisfecha de no encontrar ni esto, o una mísera pista. Una sonrisa, una mirada, que me prestes un lápiz, cualquier cosa. Nimiedades como esas me ponen a gritar y a dar vueltas en el suelo. No exagero, realmente estallo de felicidad a una mínima palabra.

Quizás no es tu problema. Es el mío. Sólo que...no sé porque me impaciento tanto al intercambiar palabras contigo. Me he repetido mil y un veces que no vales la pena, que hay mejores, que eres un completo idiota. En ningún rincón de mi vida te necesito, pero allí estás. Por pura ironía, ahora eres más indispensable que nunca.

Ocasionalmente me entran ganas de gritarte lo que siento, de hablarte a borbotones y comentarte estupideces. De comprobar que te correspondía y gritar de felicidad . O de negar mi hipótesis y sufrir un poco. Inmediatamente, imagino miles de reacciones a mi confesión. Aguardaría sorpresa, remordimiento y pena. O sorpresa, felicidad y...etc. Yo, personalmente, ya habría huido de la escena del crimen.

Sé que no me atrevería a desinhibirme. Por el típico miedo de no ser correspondidos. Además, de perder el control, y de paso, perderme a mí.



Sinceramente, ya fue. Y es la sexta vez que me repito esto en la semana.

* Domina



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Su emocionante sesión de fotos traídas de Flickr gracias a...

viernes, 18 de septiembre de 2009

Amnesia o anestesia

Hoy me hacían mi endoscopía. Mi mami estaba supernerviosa, mi padre temía por mi y yo estaba (extrañamente) relajada. Mamá me sacó del colegio luego de despedirme de Camila y Jorge (ambos befos, por cierto). Camila estaba algo nerviosa, y una capa de ansiedad empezaba a recubrir mi cuerpo poco a poco. Estaba muy (MUY) hambrienta. Debía estar en ayunas, y...¿saben qué HORRIBLE es el té sin azúcar?. Mi familia no estaba enterada de mi exacto tratamiento el día de mi endoscopía por lo que en el desayuno me dieron una sopa de ramen. La saboreé con el olfato, y mi disciplina enfrentó una dura batalla. No podía comer nada, y debía pasar tomando agua y té sin azúcar. Era un verdadero martirio. ¿Mencioné que el té sin azúcar es lo más horrible que había probado? Eso creía hasta llegar a la sala de endoscopías.



Mi cara al ver la comida que no podía comer.


En la sala de espera daba vueltas, ya surtía efecto en mí las advertencias de mi padre, porque ya le han hecho una endoscopía antes. Asaltaban mi mente temores imposibles, como el exceso de anestesia (o amnestesia, nunca entendí la diferencia :) y mi muerte inmediata; o que al doctor se le caiga accidentalmente una tijera en mi boca ( y ni siquiera usan tijeras U.U). Aparte de el miedo, estaba emocionada. Éste fue uno de los sucesos más interesantes en mi vida pues nunca me he roto algo, ni siquiera doblado un dedo. Nos dijeron que podía entrar con mi mami, la verdad no sé que haría sin ella en estas situaciones :)



Entré. Examiné la sala y vi a un adolescente echado en la camilla, balbuceando palabras ininteligibles. Rogué para que esa no sea yo al salir de la sala. Me pidieron que me ponga un mini mandil, o esa cosa que usan siempre los pacientes en los hospitales, y después de sacarme las zapatillas, me eché en la camilla.

Podía ver la inyección que me pondrían. Podía ver que su aguja crecía y desafiaba mi poder de no llorar...la droga me había hecho efecto sin ni siquiera estar dentro de mí. Siempre le he tenido un pánico terrible a todo lo que tiene que ver con agujas. Recuerdo que en una campaña de vacunación en el colegio lloré antes de que me la colocaran, y después de que esté en mí. Además, el año pasado evité las dos dosis faltantes de la vacuna de Hepatitis B en el colegio porque falté (2º dosis) y porque simulé que me sentía muy enferma (3º dosis). Entenderán, ahora, mi pánico.


La enfermera parecía amable y divertida. Supongo que disfrutará sedar a la gente. Me roció en la boca un medicamento rico que sabía a anís. Poco tiempo después, me rocío algo que sabía a remedio y que calificaría como la cosa más horrible que he probado en toda mi vida. Me pidió que lo tragará, lo que era difícil por el asqueroso sabor. Eso me sedó la boca. Ya era el turno de la inyección. Le tomé fuertemente la mano a mi mami por la aguja burlona. Pregunté donde la pondrían, y respondieron (felizmente) que sería en mi brazo. La Divertida me puso una especie de liga en el brazo que creo que sirve para cortar la circulación (y que duela menos) y me advirtió que probablemente vea todo grande y pequeño (efecto de la amnesia-anestesia). Me estaba preparando para el momento. Cerré los ojos cuando vi que la inyección se inyectaba. Y traté de no llorar.



Milagro. No la sentí. Había esperado algún temblor mental, o por lo menos un grito ahogado. Lo mejor es que no derramé ni una lágrima. Amé a esa enfermera :D. Lo demás es un enigma. Cerré los ojos y la amnesia-anestesia ya surtía efecto en mí. No puedo rememorizar esa hora y media de chequeo.

Desperté algo mareada, y no tenía mucha noción del tiempo. Creía que sólo habían pasado un par de minutos desde que me durmieron. Mi mamá tenía los ojos rojos. Salí de la camilla con algo de esfuerzo y bastante torpeza. Me sentía algo mareada, pajaritos daban vueltas en mi cabeza. Estaba ansiosa por saber todos los detalles de mi operación (ah, sierto, también me darán un video!). No se preocupen, no lo publicaré :D. Me quité el delantal-mandil y fui por alimento. Las ayunas no son para mí.

Ahora, preguntar que tonterías había hablado durante la endoscopía. Mi mamá explicó que en mi estado zombi rogué para que me quitaran el tubo de la garganta pues no podía respirar. Y la razón por sus ojos llorosos. Se lamentó de no haber suspendido la operación, y la calmé porque no había sentido nada. Reía cuando me dijo que había estado con los ojos abiertos durante el proceso y que había rogado. Que sorprendente es la amnesia. O lo que sea. No le pregunté nada más, mi estómago reclamaba más alimento.

Fuimos al Mc'Donals (YEEH!). Devoré gustosamente mi cuarto de libra con papas fritas y Sprite. En el camino a casa le pregunté más detalles de todo y bromeamos bastante. Cuando ella tuvo su endoscopía, su doctor le dijo que había estado muy lúcida y no paraba de hablar. Llegué a casa, y me cambié para ir a claun. Y claun...es otra historia :).



*Domina
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Fotos de Flickr. Etc, etc. Usuarios que las tomaron :), en orden

viernes, 11 de septiembre de 2009

Cómo cambiar la opinión de la gente sobre ti...

En pocos segundos. Y para mal. Mal. Mal. Mal.


1. Habla sobre los demás y céntrate en sus defectos. Raja como si tu vida dependiera de ello.
2. Los demás son menos que tú. Al ser así, trátalos como crees que son.
3. Recalca las debilidades físicas que no son "apreciadas" por ti sobre los demás. Así la gente te considerará superficial y frívola.
4. No los mires a los ojos, esto aumenta la igualdad.
5. Di lo que crees sin considerar a los demás. Recuerda, son "menos".
6. Quéjate del tráfico, el día, lo malo de la música, lo feo del carro, etc.
7. No cambies de opinión sabiendo que estás equivocado ni te arrepientas. El orgullo es lo último que se debe perder. Mirada en alto, buena postura.
8. Señala a los demás y ríete en forma de burla. Esto baja mucho el autoestima de la persona afectada, lo cual se debe ver como una victoria para ti.
9. Ningún gracias o porfavor debe salir de tu boca. Ni saludes.
10. No te esmeres en conocer más sobre los demás. Ya sabes demasiado sobre gente que no te interesa.

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Sé que soy humana. Sé que soy imperfecta. Sé que peco. Pocas palabras pueden afectar totalmente mi personalidad. Y, con lo humana que soy, me arrepiento. Por lo idiota y hueca que puedo llegar a ser. Por lo superficial que soy. Y lo que quiero cambiar.

"Vanidad, ¿Cuándo dejarás libres a las mujeres?". Estúpida vanidad.

Me siento como un títere controlada por un perverso titiritero que me hizo actuar como idiota. Como Rosalie Hale antes de ser convertida, una chica interesada únicamente en la ropa que va a usar, o lo linda que se ve. Seguramente, si mi personaje se materializará lo odiaría con mi alma. Porque sé que yo no soy así, y me dejé llevar. Lo único bueno que puedo sacar de esta situación es tratar de aprender de mis errores pues la gente cambia. Ojalá fuera tan fácil como decirlo.


Siento muchísimo que lean esto,

*Domina

domingo, 2 de agosto de 2009

Cocacola y pesadillas

¿Alguna vez han dormido con la mano en el corazón?¿Tuvieron pesadillas? ¿Despertaron jadeando, desesperados? Yo sí, pero siempre supuse que era por otros motivos. Hasta hoy.

Llegué a casa agotada. Me había acostado a las 4 am y levantado a las 9 am, lo cual no beneficia mi estatura. Así que para tener mis ocho horitas, dormí con mi mamá. Ella creía que vivíamos en Cerro de Pasco por lo que me pedía mantitas y más mantitas. El punto es que las donamos asi todas. Y las que no se usan en Pisco o alguna zona de friaje, están sucias : por mi perro o por mi baba (o de cualquier otra persona). La mayoría de veces por Roosevelt. Sólo encontré edredones que creía que nos sofocarían. Mamá, con lo "ingeniosa" que es, levantó el edredon de su cama para dormir sin desarreglar la cama. Es una buena táctica si no me habría sentido como un caracol allí. Es cierto que hacía mucho menos frío, pero me encogía. Según mis amigos, cuando me encojo parezco mucho más pequeña de lo que soy, y eso no favorece mi autoestima. Me arrepentí de no salir al parque como mis primos por el lindo sol que hacía, y a pesar del frío que competía con el sol en mi casa, me entregué a Morfeo. Encogida, desperté a las 5 pm.

Sudando. Mi buzo negro de hace dos años estaba mojado gracias a mi sudor. Empecé a recordar que me había pasado. Había soñado. O algo parecido. Soñé que estaba pasando por mi pasadizo, y caminando me agacho para ver algo que estaba justo al lado de la puerta de mi dormitorio. Era un cerdito. O algo parecido. Sentía que estaba poseído por el diablo y movía los ojos a lo Chuky. Me aterrorizé. Entré en pánico, como usualmente hago en estas ocasiones. Grité, con toda mi alma, como si me entregara en el grito. Me sentía patética. Luego, ya saben lo que pasó.
-imagínenselo en pequeño y más aterrador-

Al rememorar el sueño, me reí. Es que es estúpido dejar que un cerdo te lastime, o asuste. Como sea, me cambié a la piyama y dormí otra vez. Aún estaba encogida, lo cual descubrí no me sirve para calentarme mucho.

Y me atacó el segundo sueño. Estábamos en una playa que ya había soñado anteriormente. Era bonita y se parecía al malecón de Miraflores. Éste era mucho más verde, y tenía un acantilado más pronunciado. Además, aún más hermoso. Precioso. Perfecto para pasar un día en un campo-playa. Había ido con mi familia (qué es numerosa), pero sin mis padres. Sucedía algo extraño allí. Veía miles de cadáveres. Encima de los árboles, en las piscinas, en el mar. Tirados en el suelo, sin nadie a su lado. Y en medio del parque principal, vi un corazón. No los de fantasía, sino uno real, que podríamos sacar de cualquiera de nosotros. Aunque no estaba conectado a ningún cuerpo humano, latía imparablemente. Sé que algo más pasaba con ese corazón, pero se me perdieron varios detalles al venir a escribir. Le pregunté a un primo porqué habían tantos cadáveres en ese lugar, y me dijo que no los moleste ¿Qué droga había consumido para tener ese sueño? Ni idea. ¿Me hizo más macabra*? Quizás.


De la nada, truenos interrumpieron nuestra salida. El cielo celeste se volvió triste en pocos segundos. Arrasaba mucho peor que un tornado. Destruía el mar, y amenazaba con matarnos. Como imaginan, estaba asustada. Todos corrían y esperé a que mi hermano salga del mar lleno de cadáveres para irme, y al perro de mis primos parecido a una oveja (que rodeaba la zona) para huir. El tornado se acercaba más a mí, y cada vez me aferraba más a la sábana encima mío.

Después de esto, no recuerdo mucho. Sólo que encontré a una prima mía tratando de ligar con unos tipos de su grado. WTF? Ella es pequeña. Y también la visualicé mencionando los chicos con los que había intercambiado saliva, en esas palabras. Otro detalle: En este sueño era Navidad.

Otra vez interrumpí mi viaje a la ciudad de las pesadillas. Mi boca estaba seca, tal vez gracias a lo derramado en la almohada durante el sueño. Me cambié (otra vez) y toqué guitarra como loca. Luego de desfogar mi rabia y energía allí al punto de que me dolían los dedos, mi hermano me dijo que pediríamos bembos.

¡YEE!

Por alguna alianza injusta, le tocó la Bembos más grandes. Me calmaron (tengo complejo de abogada) y comí una junior, con la promesa de que la próxima vez yo comería la Bembos más grande. Aún tengo hambre.

*Domina

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* : Macabra suena a mamá cabra. No quería arruinar el tragicómico relato.

miércoles, 15 de julio de 2009

Rostro



La niña estaba feliz. Un día de campo en familia es una distracción excelente para una pequeña hiperactiva de tan pocos años. Gracias a su extenuante ejercicio, ella sólo quería dormir, mientras apoyaba su cabeza en el regazo de su tía. Se sentía completamente segura, sin ninguna preocupación. Desafortunadamente, una voz interrumpió su lento paso al país de los sueñós.

Un hombre estaba mirando a través de un taxi. Su madre, en un tono demasiado calmado para la ocasión ,exclamó:" Ése es un ladrón. Si te encuentra algo valioso, fuiste. Te rompen la luna y estás frito."

La pequeña entró en shock. Todo sus conocimientos eran totalmente obsoletos. Ya lo había visto en las películas, si tienes un arma te salvas. Pero ella no tenía un arma, y el nerviosismo ya la había alterado al punto de que ni podría insultar al ladrón, pues sus labios temblaban. Otorgó una mirada fugaz al tipo, mientras él seguía examinando rápidamente el taxi, a espera de una cartera. Nunca jamás olvidaría ese rostro. Moreno, ojos grandes, un poco más alto que el taxi que estaba revisando y cabello al ras, joven entre 22 y 28 años.

Se quedó atontada frente a la anatomía de ese hombre hasta que su instinto de supervivencia reaccionó. De repente, el pánico la empezó a carcomer. Ese tipo sólo estaba a unos metros de su auto, con sus ocho primos y cuatro tíos estratégicamente colocados. Al solo pensar que algo podría parsarles, su mente formuló varios desenlaces paligrosos para la situación. Su experiencia realmente no la ayudaba, pues un caso similar ocurrido un año antes muy cerca de su casa hizo que comprendiera que no todo es pastel y nata. No sabía Karate ni Kung Fu, y era muy difícil atacar al ladrón con una raqueta, porque lo único que había aprendido era Tennis. Pensó en gritar como si mañana moriría para llamar la atención, y, quien sabe, algún héroe aparecería y noqueara al tipo, para luego llevarlo a la comisaría. Pero, ¿realmente alguien bajaría de su auto en medio del tráfico para defenderlos? Viendo que no tenía posibilidades, esperó. Para evitar preocupaciones mayores durante el momento del ataque, ella controló su terror, que usualmente se materializa en lágrimas y largos sollozos; sin embargo, se deprimió internamente porque no podría hacer nada...otra vez. Odiaba ese sentimiento.

Aferrada desesperadamente a su primo, gritó :"TODOS ABAJO". Milagrosamente, todos los integrantes del grupo SUB 10 en ese auto se agacharon con la preocupación de perder alguno de sus DS's, o sus familiares en una lluvia de cristales. En realidad, ellos querían ganarle a la batalla de ser un estorbo en un robo. En vez de gritar alocadamente, querían ser los héroes de la película. Esos es lo que la humanidad quiere, pero pocos logran. El tipo se acercaba. La niña se preparó para lo peor. Cerró sus ojos y se abrazó de su pobre primo, quién no creía que la pequeña lo pudiera afixiar a tan corta edad. De todas formas, ella lo hizo cuando buscando el refugio de toda la situación.

Pasaron algunos minutos. El auto se movió. No se escuchaba nada. La niña, aún asustada, decidió salir del capullo que ella misma había edificado y tratar de abrir los ojos. Todo seguía igual. Nadie se quejó. Seguía viva, tan viva como para echarse a llorar por algo que no había pasado. Tan viva como para fantasear con la idea de la muerte. Y eso fue lo que ella hizo. La adrenalina surgía de sus venas con sólo imaginar lo que pasó hace pocos minutos. Y el estrés también.

Al verla, sus primos trataron de ayudarla. Decían: "Ah, pero yo se King Fu, que es mejor que el Kung Fu, porque siempre ganas" o "Yo le tiraba la comida que compramos en el pueblo y moría" o el repetido "De un golpe lo mando al hospital, no llores". Sabía que querían consolarla. De todas formas, ella deseaba que se callaran. Su bajo optimismo y alto pesimismo influían terriblemente en esos instantes. Creía que, al igual que ella, ellos serían inútiles. Gritarían como una niñita y llorarían desconsoladamente tratando de no estorbar, pero nunca lo lograrían. La niña hiperventilaba. "Ya pasó. Mejor dicho, no pasó nada !Ni nos tocaron!", decidió intervenir su madre. Nunca había visto a su hija en tal estado. "Respira Hondo", suplicaba su tío. Ella les era indiferente. Sus preocupaciones no se centraban en su familia. Ya no. ¿Qué les pasaría a los que estaban detrás nuestro? ¿Habrían sufrido con la imposibilidad de ser inútiles? ¿Morirían?, se preguntaba. Al no encontrar respuesta y esperar lo peor, lloró otra vez.



La pequeña niña es mi metamorfosis en situaciones así. Entro en shock. Nunca pensé que yo podría ser tan cobarde ante alguien y algo que nunca pasaría. Pero no sabes como reaccionarías hasta que te sucede. Supongo que fue por proteger a los demás, pero, en fin, llorar no sirve de nada. Solo sirve para mojar los asientos del carro.

*Domina